martes, 24 de marzo de 2015
Antología de relatos "Broken Hearts"
Ediciones Babylon presenta la antología de relatos Broken Hearts, 25 apasionadas historias de amor unidas por una buena causa
La antología benéfica de relatos Broken Hearts contiene 25 relatos de amor y desamor, escritos por prometedores autores españoles
Los beneficios de la recaudación de la antología serán destinados a una organización sin ánimo de lucro elegida por los autores
La antología benéfica de relatos Broken Hearts está disponible como libro electrónico, en los formatos de lectura más populares, en http://www.EdicionesBabylon.es
Ontinyent, 24 de marzo de 2015. - Ediciones Babylon presenta la antología benéfica de relatos Broken Hearts, 25 relatos escritos por algunos de los autores españoles más prometedores, intensas historias de amor y desamor ubicadas en variadas épocas.
Esta antología supone la unión de talentos de 25 autores por una buena causa: los beneficios recaudados por la distribución de la obra serán destinados a una organización sin ánimo de lucro, designada por los escritores.
La antología benéfica de relatos Broken Hearts ya está disponible como libro electrónico (en los formatos de lectura más populares: Kindle, PDF y ePub) tanto en la web de la editorial http://www.EdicionesBabylon.es como en plataformas como Amazon Kindle, iTunes o Google Play.
Los autores que figuran en la antología son los siguientes: Laura López Alfranca (Adán y Lilith, relato de unión), Olivia Monterrey (Wallada), Alejandro Campoy Galera (Lágrimas de fuego), Arlette Geneve (Tiempo de vino y besos), Cristina Roswell (El abrazo del kelpie), Lucía Arca Sancho-Arroyo (Vía escarlata), Miriam Alonso (Poema de amor y muerte), Jasmine Parker (¿Qué pasa?), Gonzalo Navarro Agulló (Tan solo cinco años), Mar Lunar (Il tradimento [La traición]), Fran Carmona (La isla de las estatuas), Catherine Roberts (Lola Mento), Moruena Estríngana (Ángel de mi vida), Laura Morales (Tú, mi salvación), Connie Jett (¿Tú?), Diana Al Azem (Mi último suspiro), Elena Castillo Castro (Las piruletas de Abbeville), Tania López (Mi vida sin ti), Raquel Cruz (Gigoló), Caro Musso (Verano), Celeste Tomás (El verano que me hizo despertar), Regina Román (Oh, triste Ofelia), Natalia Sanguino (Y tú me sonreirás), Arlet Hinojosa (La chica con nombre de invierno) y Amaya Felices (Una nave llamada Shalott).
domingo, 22 de febrero de 2015
Carta de Helena a su hija Eva
Querida hija mía:
Te escribo estas palabras como última opción para narrarte lo que hace tiempo debía haber puesto en tu conocimiento. Ya eres toda una mujer y creo que es hora de que sepas la verdad. Te pido que no me culpes por ser una cobarde y no atreverme a hablarte en persona, pero el dolor que aún abriga mi corazón me impide mirarte a los ojos y ser clara. Por desgracia solo soy capaz de compartir mi dolor sobre este trozo de papel en la soledad de mi habitación.
Sé que, en muchas ocasiones, te has preguntado por el paradero de papá y que yo, conscientemente, no he respondido a tus preguntas con absoluta sinceridad. Espero, pues, que con esta carta se develen las dudas que albergan tu corazón y entiendas los motivos que me han llevado a guardar silencio todos estos años.
Todo comenzó una agradable mañana de invierno. Era uno de esos días soleados en los que el viento proveniente del Sur nos regalaba una jornada con temperaturas suaves. Salí a pasear por la duna como cada mañana de domingo, tras una dura semana de trabajo. Necesitaba relajarme, sentía los músculos de mis hombros tensos y una buena caminata sobre la suave arena de la playa me haría distender toda esa tensión. Adoraba sentir el frío de la arena mojada en mis pies, era una sensación reparadora para la circulación de mis piernas.
Aquella mañana decidí ir un poco más lejos y me adentré en la zona de rocas. Nunca antes había llegado hasta allí caminando y sentía curiosidad por saber hasta dónde se extendía la playa. Cada vez que alcanzaba una cala, me daba cuenta de que más adelante había otra, y después otra, y así hasta que el mediodía se echó encima y mi estómago empezó a dar señales de apetito. Había caminado más de tres horas y, sin embargo, no veía el fin a aquel margen de la costa. Cuando finalmente decidí dar media vuelta, atisbé a lo lejos la figura de un hombre sumergido en el agua hasta la cintura. Me resultó extraño, pues desde hacía varios kilómetros no había visto a nadie caminar por aquella zona.
Arrastrada por la curiosidad, decidí acercarme a aquel hombre y espiar sus movimientos. Aparentemente no hacía otra cosa más que contemplar el mar. Desde mi posición advertí a un tipo maduro, de cabellos grises aunque su rostro no aparentaba más de cuarenta años. Se veía fuerte y musculado, tremendamente vigoroso. Me llamó la atención el hecho de que observara el mar sin siquiera pestañear, era como si estuviera embrujado por la ondulación de la marea. Su cuerpo se balanceaba con el movimiento acompasado de las olas, pero él seguía sin inmutarse. Tampoco las bajas temperaturas del agua por aquellos días parecían incomodarle. Habría pensado que estaba muerto si no llega a ser porque se mantenía completamente erguido.
No recuerdo el tiempo que pasé contemplando a aquel hombre pero, de pronto, como si hubiera salido de su trance, me habló:
-Te estaba esperando, Helena.
Giró sobre sus piernas y entonces vi sus ojos. Eran azules como el cielo, de un brillo indescriptible, como venido de otro planeta. Sabía mi nombre pero por algún motivo no me sorprendió, era como si lo conociera de toda la vida. No podría explicar lo que sucedió a partir de entonces, solo recuerdo que su mirada me hechizó. Creí caer en un pozo sin fondo, imposible agarrarme a nada que no fueran sus cautivadores ojos. Solo hizo falta una palabra suya para hacerme caer en sus redes. Extendió su mano derecha y con una voz tremendamente masculina me ordenó:
-Acércate.
Sentí que una fuerza inexplicable me empujaba hacia él. Comencé a caminar hacia la rompiente de olas y hundí mis piernas en las gélidas aguas sin que me importara mojarme los pantalones. De forma pausada, casi temerosa, me aproximé a él atraída por el imán de su mirada. Dejé de sentir frío, quedé invadida por el calor que mi corazón desplegó a cada uno de los miembros de mi cuerpo. Me aferré a su mano y la sentí cálida. Era suave y robusta a la vez.
Quedamos en frente el uno del otro, atrapados en nuestras propias pupilas. Quise preguntarle su nombre pero, inconcebiblemente, lo supe con solo mirarle a los ojos. Era Él, el Magnífico, el Preservador, el Protector, el Principio y el Fin. Nadie podría evitar caer bajo el influjo de su deseo. Yo era su esclava, su cautiva, su prisionera. Ya no había marcha atrás, Él había sentenciado mi destino.
Sin cruzar palabra alguna, acercó su rostro al mío con cautela, como si temiera mi huida. Pero en lugar de eso, dejé que posara sus dulces labios sobre los míos. Necesitaba que me besara tanto como el agua que nos da la vida. Sin saber por qué, ansiaba que sus brazos rodearan mi cuerpo como el abrigo en una noche de invierno. Nos besamos y nos abrazamos con tanta pasión, que el mar comenzó a ondear cada vez más impetuosamente. Las olas se estrellaban contra las rocas a la par que los gemidos escapaban de nuestras gargantas. Sin embargo, nuestros cuerpos seguían petrificados. El mar se agitaba a nuestro alrededor reverenciando aquel momento de frenesí.
Sin apenas esfuerzo, me alzó en volandas entre sus fuertes brazos y, sin despegar sus labios de los míos, me trasladó hasta la fina arena donde me posó con delicadeza. Me fijé en que no llevaba nada bajo su cintura, estaba desnudo. No me importó. Tan solo me dejé llevar. No hubo palabras, ni lamentos, ni risas, ni promesas… solo hubo besos, abrazos, caricias y un sinfín de sentimientos arremolinados en nuestros corazones.
Aquella tarde, hija mía, fui suya.
Los días pasaron y tu padre y yo nos sentíamos cada vez más unidos. Nuestro amor se intensificó hasta límites insospechados, incluso llegué a pedir un permiso en el trabajo para no separarme de él ni un solo instante. Aquello era una locura, no podría vivir de ese modo por mucho más tiempo, era una obsesión enfermiza. Pasábamos las horas contemplándonos, amándonos, entregándonos el uno al otro. A veces, incluso, nos olvidábamos de comer. Tu padre tenía la virtud de complacer todos mis deseos, como si fuera capaz de leer mis más íntimos pensamientos. Me trató como a una reina, siempre atento y cariñoso, amable y embriagador.
Todo iba indescriptiblemente bien hasta que una noche, cuando nos hallábamos contemplando abrazados la hermosa luna llena que cubría el cielo con su resplandor, tu padre me dijo algo que cambió la historia de mi vida. Aún recuerdo cómo posó su mano sobre mi vientre y me miró a los ojos con anhelo.
-He cumplido con mi cometido en la Tierra –me dijo-. No me queda mucho tiempo, mas la criatura que portas en tu vientre perpetuará mi esencia.
Quise replicarle, pero me impidió hablar. Su mano continuaba acariciando mi vientre como si sintiera lo que había en su interior.
-Jamás te sentirás sola, ella llenará tus noches de melancolía.
-¿Pero qué estás diciendo? ¿Cómo sabes que estoy embarazada? –le pregunté.
-Lo he visto –murmuró-. Cuidarás y amarás a esta criatura como ninguna otra madre otra ha querido a su retoño. Será una niña feliz, sana, fuerte y valiente y, cuando llegue su momento, aceptará la sucesión para redimir al océano de sus más temibles enemigos.
A continuación me entregó el colgante con forma de caracola que tantos años he guardado para ti y que ahora luces con orgullo. Debes cuidar de él como al más preciado de los tesoros, pues es lo único que tu padre dejó para ti.
Al día siguiente, cuando desperté con el amanecer, él ya no estaba. Había desaparecido de mi vida de la misma forma que vino, como un espíritu descendiente de otro mundo. Los siguientes ocho meses fueron un declive en mi vida. Me sentía atrapada en las garras del desamparo, sin nadie con quien poder hablar, sin un compañero a quien contarle lo sucedido. Él había sido como una exhalación en mi vida. Ninguna persona sabía de él, quien era, o de dónde procedía… sencillamente desapareció de la faz de la tierra. Llegué a creer que todo había sido producto de un bonito sueño, pero ahí estabas tú para recordarme que aquel amor había sido real. Mi vientre crecía por semanas y poco a poco fui sintiendo tus movimientos en mis entrañas. No había nada más real y cierto que aquella sensación de vida dentro de mí.
El día que vi tu carita por primera vez, supe que no había sido un hombre quien me amó aquellos días, sino un ser iluminado por las estrellas del cielo, un hombre venerado por las mareas del océano, un ente misterioso venido de la inmensidad del firmamento. Por eso, hija mía, hoy me confieso a ti. Aunque no hayas tenido el beneficio de conocer a tu padre, debes creerme cuando te aseguro que tu vida en este mundo es fruto del amor más puro.
Un amor tan grande como la fuerza de tu alma.
viernes, 13 de febrero de 2015
martes, 3 de febrero de 2015
Nueva portada para Evadne en italiano
Aquí tenéis la nueva portada de Evadne para Italia. "Evadne, la sirena perduta"
Estoy super contenta, y espero que os guste el nuevo estilo, más misterioso e hipnótico.
Para conseguir una copia, pincha aquí.

Estoy super contenta, y espero que os guste el nuevo estilo, más misterioso e hipnótico.
Para conseguir una copia, pincha aquí.

jueves, 15 de enero de 2015
Evadne nominada como mejor novela autopublicada
Una buena noticia para comenzar este 2015. "Evadne, la sirena perdida", ha sido nominada como mejor novela autopublicada por la web Premios Purpura. En esta primera edición de los premios, la sirena compite con otras dos grandes obras "Emergencia de amor" de Laura Morales, y "Las reglas de mi ex" de Shirin Klaus, entre otras categorías. Los lectores tienen hasta el 30 de Enero para enviar sus votos a la dirección de email purpuraromantica@gmail.com.


*Para la votación tendréis que facilitar un perfil de blogger o de google + para que nadie pueda votar desde distintos correos.

*Para la votación tendréis que facilitar un perfil de blogger o de google + para que nadie pueda votar desde distintos correos.
viernes, 2 de enero de 2015
Libros digitales más caros este año, ¿por qué?
SUBE EL IVA DE LOS CONTENIDOS DIGITALES
No es que suba el IVA en España, aunque sí va subir el IVA que ciertos servicios nos aplican al contenido digital: ebooks, apps, música, juegos descargables, servicios de Internet y otras mercancías que se distribuyen en formato digital.
Hasta ahora, empresas como Google, Apple, Amazon, Microsoft o Steam tributaban sus ventas digitales en países como Luxemburgo, Irlanda y otros paraísos fiscales, aunque sus ventas se llevasen a cabo en España o cualquier otro país europeo. Por eso ello sólo cargaban al cliente entre un 3 y un 15% de IVA, y lo tributaban todo en Luxemburgo, o el país en donde tienen su sede.
Esta artimaña, aunque legal, supone una competencia desleal con las empresas locales que tributan un 21% de IVA. Además los países en donde se lleva a cabo la compra, no ven ni un euro.
Todo esto va a cambiar a partir del 1 de enero de 2015, es decir, mañana, pues entra en vigor una nueva normativa que obliga a todas estas multinacionales a tributar por separado en cada país en donde lleven a cabo sus ventas digitales. El resultado es que todos sus productos digitales van a cambiar el IVA al 21% que fija la ley en España, lo que en muchos caso supone un aumento de los precios del 18%, al pasar del 3 al 21% de IVA. Depende de cada empresa cargar el aumento al cliente, o asumirlo ellas.
jueves, 1 de enero de 2015
Los comienzos de Donna Grant
Hace tiempo que no entrevisto a ninguna autora Norteamericana. Pero hoy he tenido el placer de conocer mejor a una bestseller, Donna Grant,Texas.
Su pasión por el romance la incitaron a escribir su primera novela en 2006. Esta autora ha sido elogiada por sus historias absolutamente adictivas. Ha escrito más de veinte obras que abarcan diversos géneros dentro de la novela romántica: escocés medieval, viajes en el tiempo, fantasía y erótica. Por fin podemos leer algunas de sus obras en español, como las serie Highlander o su recién traducida "Fiebre salvaje".

1. ¿Cuándo decidió escribir su primera novela? ¿Y qué la llevó a decidirse
por la romántica?
Siempre tenía la cabeza llena de historias, así que decidí intentar
escribirlas. Trabajaba como contable y a la hora del almuerzo cerraba la puerta
del despacho y me ponía a escribir. Tardé cuatro meses en escribir mi primer
libro y me quedé enganchada. ¿Que por qué la romántica? Porque me encantan los
finales felices. :)
2. ¿Podría hablarnos del camino que tuvo que seguir para publicar su
primera novela?
Cada escritor tiene que seguir su propio camino. Yo escribía novela
histórica paranormal y a los agentes literarios les gustaba mi forma de
escribir, pero no querían arriesgarse intentando vender lo que yo escribía
porque era un género difícil. Decidí acudir a una pequeña editorial para crearme
un público de lectores y demostrar que podía ser una profesional. Escribí para
tres pequeñas editoriales/editoriales digitales diferentes antes de venderle mi
primera historia a una editorial de Nueva York. Le vendí tres libros más a
Kensington antes de pasar a St. Martin’s Press. Sigo publicando con SMP y al
mismo tiempo me autopublico un par de series por mi cuenta.
3. ¿Cuáles son sus autores
favoritos? ¿Y cuál es el libro que ha significado más para usted?
Tengo muchos autores favoritos: Kresley Cole, Lara Adrian, Karen Marie
Moning y muchos, muchos más.
4. ¿Busca inspiración en la
música? En caso de ser así, ¿en qué tipo de música?
Busco inspiración en todas partes, pero en la música desde luego que sí.
Tengo unos gustos muy eclécticos. Escucho todo tipo de música, desde música
clásica hasta música de los 80, música alternativa y Godsmack.
5. Nos gustaría saber más
acerca de sus proyectos literarios para el futuro. ¿Seguirá escribiendo novela
romántica o hay algún otro género que le gustaría abarcar?
Me gustaría quedarme en la romántica. He escrito romántica paranormal tanto
histórica como contemporánea y ambas me gustan. Hay unos cuantos subgéneros más
que me gustaría probar. :)
6. ¿Qué opina de los autores
que se autopublican?
Creo que es otra opción viable para los escritores. Conozco a muchos
escritores estupendos que no vendían tanto como querían los editores y por eso
no les publicaban. Eso es desgarrador, porque sé que eran muy buenos. Autopublicarse
les da la posibilidad de sacar sus libros por su cuenta y ofrecerles a los
lectores unas historias estupendas. Yo también me autopublico, además de
publicar mis libros por la vía tradicional. Tengo un calendario muy apretado,
pero me gusta poder publicar de las dos formas. Autopublicarse les permite a
los escritores sacar libros cuando quieran, del género que quieran y con el
número de páginas que quieran, manteniendo el control de las portadas, la
corrección y la forma del texto y todo lo demás. Sin embargo, publicar de forma
tradicional me permite disponer de un corrector increíble al que adoro, de una
distribución global que no podría conseguir por mí misma y de un marketing que supera con creces todo lo
que yo pueda hacer.
7. ¿Algún consejo para los escritores noveles?
No os quedéis atrapados en la fase de la “revisión” de los tres capítulos.
Fijaos vuestros propios objetivos, aunque sólo sea escribir una página al día
cinco días a la semana. Y leed. Cuanto más leáis y escribáis, mejor lo haréis.
Agradecemos a Donna su colaboración y a Itziar Rey por el contacto.
domingo, 14 de diciembre de 2014
Te regalo una historia de amor, parte 3
De
nuevo se reunieron con los padres de Ashley y Sam les invitó a aproximarse a la
mesa donde se sentaban los señores Lawson. El muchacho tuvo que volver a
estirarse el cuello de la camisa, la dichosa pajarita lo estaba matando. Notó
como una gota fría de sudor le cayó por la frente y sus manos se frotaron
nerviosas. Sin lugar a dudas, en aquel momento habría preferido estar tirado en
la arena de la playa tomando unas cervezas con los amigos frente a una hoguera.
Sin embargo, aquello nada tenía que ver con la situación a la que estaba a
punto de enfrentarse.
―Mamá.
Papá. Quiero presentaros a los señores Cooley, los padres de Ashley.
―¡Oh,
querida! Por fin tengo el placer de conocerte –apuntó Sarah propinando un
entusiástico abrazo a la señora Cooley―. La bella Ashley nos ha hablado muy
bien de vosotros.
Peter
guardó las distancias algo más que su mujer y simplemente tendió la mano de
forma amistosa al señor y a la señora Cooley para saludarlos.
―Encantado
de conocerles. Ashley es una chica estupenda –señaló de manera cortés.
―Gracias.
Nuestra hija también nos habla maravillas de la familia de Sam, y veo que no se
ha equivocado un ápice en su apreciación –repuso el padre de Ashley―. Son muy
amables por invitarnos a un evento tan señalado como este.
―¡Oh,
por favor! Dejemos las formalidades a un lado. Casi somos de la misma familia,
¿verdad querida? –Sarah parecía realmente encantada con la presencia de la
señora Cooley.
Sam
y Ashley observaban en silencio y con la boca abierta cómo la señora Lawson
agarraba a Elaine del brazo y juntas caminaban hacia la barra del bar mientras
parloteaban sobre temas triviales. Peter, por otro lado, invitó a George a
salir a la terraza para ofrecerle uno de sus mejores puros habanos y así poder
charlar sobre las franquicias que el señor Cooley estaba a punto de vender en
el extranjero.
Sam
y Ashley se miraron incrédulos.
―¿Has
visto eso? Ni siquiera nos han prestado la más mínima atención –replicó Sam.
―Mejor
así. Parece que han congeniado a la primera. Ha sido más fácil de lo que esperaba,
¿no te parece? –añadió Ashley sin poder ocultar su entusiasmo.
«Demasiado
diría yo» pensó Sam para sus adentros.
La
noche transcurrió de forma agradable. Tras una copiosa cena amenizada con los
más exquisitos manjares que el hotel ofrecía, Sam quiso sorprender a sus padres
con un vídeo que él mismo había preparado días atrás, donde se presentaban
viejas fotografías de los señores Lawson desde su más tierna infancia hasta el
último cumpleaños de su hijo, incluyendo imágenes de toda una vida juntos.
La
señora Lawson no pudo reprimir soltar alguna que otra lágrima durante la
proyección, y el padre de Sam le dio un fuerte abrazo a su hijo cuando el video
finalizó. Los invitados se pusieron en pie para aplaudir el maravilloso detalle
que Sam había tenido para con sus padres, y más de uno tuvo que recurrir al
pañuelo para sonarse la nariz.
―Ha
sido precioso –le dijo Ashley a su chico cuando regresó a su asiento.
―Sí,
amigo. Casi me meo en los pantalones –bromeó el chistoso de Walter.
―Eres
un insensible, no tienes corazón –le regañó Ashley―. Como sigas así no
encontrarás novia en tu vida.
Walter
tuvo que agachar la cabeza y aguantar la reprimenda. Sam contuvo la risa,
conocía perfectamente a su amigo y sabía que no hablaba en serio. Él era así, cuando
algo le emocionaba se cubría con un armazón de chistes malos para no mostrar su
debilidad. Pero eso a Sam no le importaba.
―En
fin, creo que voy a hablar un rato con Jenny –indicó Ashley acabándose su
tercera copa de champán―. Seguro que a ella también le ha encantado el video.
Cuando
la muchacha se alejó en busca de su amiga, Sam le dio un codazo a Walter.
―Vale,
ya se ha ido. No tienes que poner cara de póquer. Ya sé que a ti estas cosas te
parecen una cursilada.
―¡Qué
va! En serio, me ha encantado como te has currado el vídeo –aclaró Walter―.
Pero es que tu chica no sabe distinguir una broma.
―Ya
la conoces. Ashley se toma las cosas muy en serio. Deja de darle importancia
–señaló Sam encogiéndose de hombros.
En
poco menos de un minuto, Walter ya se había olvidado del asunto y le propuso a
Sam salir a la calle para probar el nuevo coche.
―Me
temo que hoy no es el día. Prometí a Ashley que la acompañaría a casa. Además,
imagina su cara si se entera de que he estrenado el coche contigo y no con ella
–dijo el joven guiñando un ojo a su amigo.
―¡Eh!
Cuidadito con lo que piensas, que yo solo quiero escuchar ese motor rugir como
una bestia y no probar si los asientos son reclinables o no.
―¿Pero
cómo puedes ser tan capullo? No me refería a estrenarlo en ese sentido.
―Sí,
sí, claro. Cuéntame otra batallita porque esa no me la trago. ¿Un Maserati
nuevo, una chica hermosa y una noche por delante? –Walter agitó la cabeza―. Qué
suerte tienen algunos…
Sam
dio a su amigo por imposible y fue en busca de Ashley. Por el camino, mientras
sorteaba las diferentes mesas que le separaban de su chica, el joven no pudo
evitar escuchar algunas de las conversaciones que se daban entre los invitados
a la fiesta.
―Este
mes mis acciones han subido un quince por ciento más de lo que esperaba
–comentaba un señor con bigote.
―Mi
marido se ha gastado más de diez mil dólares en este collar de oro blanco y
diamantes de Piaget –presumía una señora entrada en edad.
―Esa
finca tiene que ser mía. Si ese cabrón de Richard se me adelanta, tendré que
darle una patada en el culo –conversaba otro invitado un tanto exaltado.
A
Sam se le antojaron tertulias soberanamente superficiales. ¿Cómo podía ser que
los únicos temas de diálogo estuvieran relacionados con dinero, lujo y
patrimonio? Tendría que haber muchos más asuntos importantes de los que hablar,
como los deportes, viajes, amigos… sin embargo, estaba claro que a aquellas
personas solo les importaba una cosa.
―No
soporto a esa cursi de Michelle, se cree que por tener un Ferrari nuevo ya
puede presumir de todo. ¿Acaso no se ha mirado en el espejo? Esos zapatos de
Luois Vuitton le sientan como un tiro –comentaba Ashley con su amiga Jenny.
«Otro
argumento frívolo y carente de interés» pensó Sam cuando llegó al lado de su
chica. Aunque, ¿quién era él para juzgar a los demás? Tampoco se salvaba de
entrar en el mismo saco que el resto de las personas allí congregadas: sus
padres, guiados por los caprichos de su hijo, acababan de gastarse un dineral
en el Maserati.
―Perdón
por la interrupción –intervino Sam dirigiéndose a su novia―. Cariño, la fiesta
está a punto de acabar, ¿quieres que te acerque a casa?
―Claro,
mi amor –respondió la joven al tiempo que sujetaba a su chico por las mejillas
y le propinaba un sonoro beso en los labios.
Sam
carraspeó tras la efusiva muestra de cariño de Ashley frente a la compañera de
ésta. Notó como sus mejillas se sonrojaron al observar que Jenny contemplaba la
escena sin apartar los ojos del apuesto joven.
―Lo
siento, Jenny. Sam va a llevarme a casa en su coche nuevo. –La muchacha se
levantó de golpe y a punto estuvo de caer al suelo cuando se pisó la cola de su
elegante vestido.
Por
suerte Sam estaba a su lado para sujetarla. Daba la sensación de que Ashley
había bebido más de la cuenta, pero aquello no impidió a la chica recolocar su
vestido para que se viera perfecto.
―Será
mejor que avisemos a tus padres de que nos marcharnos.
―Sí,
por supuesto. Ya sabes cómo se ponen si no te despides de ellos. Te adoran
demasiado. –Aquel último comentario se le antojó a Sam un tanto repelente y
fuera de lugar.
El
chaval dibujó una sonrisa forzada en su cara. Tras prometerles a los señores
Cooley que devolvería pronto a Ashley a su casa, Sam se despidió también de sus
padres advirtiéndoles que regresaría algo más tarde.
―Bien,
cariño. No olvides las llaves de casa –le recordó su madre―. Jeffry se pone de
muy mal humor si le despiertas en mitad de la noche.
―Descuida,
mamá.
Y
tras cumplir con la obligación de despedirse del resto de invitados, Sam y
Ashley salieron del hotel y dieron una vuelta en el sofisticado coche del
muchacho. Condujeron por una carretera paralela a la costa para sentir la dulce
brisa de la noche.
―Es
maravilloso. ¡Me encanta! –vociferó Ashley sacando la cabeza por la ventanilla
para sentir el aire en la cara.
―Ten
cuidado, la policía nos puede llamar la atención. –Sam estaba preocupado por la
embriaguez de la chica. Temía que pudiera cometer alguna locura, entonces tiró
de su mano para que introdujera la cabeza en el interior y cerró la ventanilla
con el fin de evitar problemas.
―¡Vamos,
cariño, pisa el acelerador! Quiero sentir ese motor a toda potencia –gritó
Ashley.
A
Sam le pareció divertido el estado de la muchacha. Nunca antes la había visto
en aquellas circunstancias, tan desinhibida y poco pendiente de guardar las
formas. Decidió dejarse llevar y satisfacer su petición, así pues, cuando
llegaron a una carretera poco transitada, Sam pisó a fondo el acelerador.
―¡Wow!
¡Es la leche! –decía Ashley entre risas―. Seguro que el coche de Michelle es un
juguete en comparación con este.
―No
creas, algunos modelos de Ferrari superan los quinientos caballos.
―¡Buah!
La muy tonta no sabe ni meter las marchas. ¿Para qué querrá un coche tan
rápido?
―Cuestión
de gustos –respondió Sam encogiéndose de hombros.
―Para.
―¿Qué?
―¡Qué
pares!
―¿Ocurre
algo?
―Creo
que voy a vomitar –farfulló la chica llevándose las manos a la boca.
Sam
desvió el coche a un lado de la cuneta antes de que Ashley dejara un
desagradable recuerdo en la tapicería de cuero. El joven no pudo evitar sentir
ciertos escrúpulos al contemplar la imagen de su novia vestida como una muñeca
mientras emitía sonidos grotescos, parecidos a los de un trol escupiendo sapos
por la boca. No tuvo más remedio que salir del vehículo y acercarse a ella para
comprobar si necesitaba ayuda, pero Ashley, avergonzada por la situación, lo
apartó con la mano de un empujón.
―Vamos,
no tienes de qué preocuparte. Se supone que soy médico y estas cosas no
deberían impresionarme.
―Esto
es diferente –pronunció la joven a duras penas.
Esperaron
un par de horas sentados junto a la orilla del mar hasta que Ashley se
recuperara de la melopea. No quería que sus padres pensaran que había bebido
por su culpa. A eso de las tres de la mañana, los muchachos llegaron a la
urbanización donde vivía la joven.
―Siento
mucho haber estropeado el resto de la noche –exhaló Ashley en un suspiro.
―No
te preocupes. Es normal que te sientas así si no estás acostumbrada a beber.
―La
verdad es que no ―suspiró la chica relajando el cuello sobre el reposacabezas―.
Supongo que estaba demasiado nerviosa por el encuentro de nuestros padres.
―No
ha sido tan horrible, ¿verdad? –repuso Sam con una sonrisa amable.
―Cierto.
Han pasado casi toda la velada hablando entre ellos –añadió Ashley
devolviéndole la sonrisa a su chico.
Por
unos instantes ambos se quedaron pensativos mirándose el uno al otro. El
silencio de la noche se apoderó de sus oídos y aquella paz deleitó sus sentidos
después de la tensión vivida en la fiesta. Se sentían agotados, pero aquello no
impidió a Sam para acercarse a su chica y darle un beso tierno en los labios.
―Hoy
estabas preciosa –le susurró al oído.
―¿Lo
dices en serio? –Murmuró Ashley dejándose acariciar por los delicados dedos de
Sam sobre su rostro―. Habría sido perfecto si no llego a estar como una cuba.
―Bueno,
ya estás recuperada y sigues pareciéndome una diosa. –Sam continuaba centrado
en seducir a su chica con pequeños besos sobre el delicado cuello de ésta.
―¿No
crees que el vestido de Jenny era más bonito que el mío? –Ashley parecía estar
más preocupada por otros asuntos, pero aquello no consiguió descentrar a Sam.
―No.
Tú eres mucho más hermosa que ella –le decía Sam descendiendo por el hombro
desnudo de la chica.
―¿Te
has fijado en el peinado? Su peluquero debe ser algún paleto de Camberra, esos
tipos de la capital se creen que entienden de estilo y la verdad es que no
tienen ni la menor idea.
―Me
da igual de dónde sea el peluquero de Jenny. –El muchacho no podía creer que
Ashley estuviera pendiente de esas minucias y, muy disimuladamente, continuó
descendiendo por su hombro.
―Creo
que le gustas –soltó al fin la joven.
Sam
no tuvo más remedio que interrumpir sus intenciones. Aquella conversación de
besugos no lo estaba poniendo en absoluto, y le dio la sensación de que Ashley
solo tenía un pensamiento en la cabeza.
―¿Por
qué dices eso?
―He
visto cómo te miraba.
―¿Y
cómo se supone que me miraba?
―No
sé. Siempre está pendiente de ti. Hoy no paraba de comentar lo guapo que
estabas, lo inteligente que eras y lo seductor que estabas con tu traje oscuro.
―Me
da igual lo que diga esa amiga tuya.
―Pues
a mí no.
―¿No
irás a decirme que estás celosa? –El silencio de Ashley lo dejaba claro―. Pero
si ni siquiera he hablado con ella en toda la cena. Has sido tú la que te has
acercado a ella para saludarla.
―Es
igual. Eso no quita para que Jenny no dejara de hablar de ti. –La muchacha se
cruzó de brazos enojada.
Sam
optó por rendirse y prefirió no continuar con la conversación. Ashley podía ser
una mujer encantadora cuando estaba animada, pero sus cambios de humor
repentinos eran difíciles de torear. Él mismo lo había comprobado en varias
ocasiones y sabía que lo mejor era alejarse de ella y reaparecer a la mañana
siguiente como si nada hubiera sucedido. Ashley volvería a ser la misma de
siempre después de un sueño reparador.
La
pareja puso fin a la velada y ambos se despidieron con un desganado beso en los
labios. Cuando Sam se aseguró de que la muchacha había entrado en su casa,
dirigió el bólido hasta la mansión en Bayview.
Las
luces de la entrada esperaban encendidas a su llegada. Todos en casa dormían y
Sam subió hasta su dormitorio arrastrando los pies cansado. Abrió el ventanal
que daba a la terraza privada de sus aposentos y salió un rato para respirar el
aire fresco de la noche. Había sido una jornada larga, pues durante el día tuvo
que ayudar a su padre en la clínica desde temprano, y la noche no había acabado
precisamente como él esperaba.
Tomó
asiento sobre un balancín y se dejó mecer por el movimiento suave de éste.
Relajó su cuerpo y cruzó las manos detrás de la nuca para observar las
estrellas que iluminaban el cielo. Se preguntó cuántas estrellas habría por
encima de su cabeza, estaba seguro de que existían muchísimas más de las que
sus ojos eran capaces de ver. Una vez había leído en un artículo que si alguien
contara los granos de arena del planeta, apenas se acercaría al número probable
de estrellas que había en el universo.
El
joven cogió un puñado de tierra del interior de una maceta y dejó que los
granos se le escurrieran por entre los dedos. En medio de un silencio mudo, Sam
se sintió tremendamente pequeño. Pasó el resto de la noche contemplando el
cielo, como un niño deslumbrado por toda aquella inmensidad.
martes, 9 de diciembre de 2014
Te regalo una historia de amor, parte 2
Sam
se dirigió hacia el este en Pittwater Road. Siempre tomaba aquella carretera
para ir a la ciudad, a fin de cuentas, era la más próxima a la costa y por lo
tanto la que mejor vistas tenía. La noche era cálida, a pesar de estar en el
mes de diciembre, el verano austral invitaba a los moteros a disfrutar del aire
fresco nocturno y la mayoría salían a dar una vuelta por las noches. A parte de
ellos, el tráfico no era demasiado denso a aquellas horas, así que aprovechó
ciertos espacios para acelerar y regocijarse con el tronar de aquella potente
máquina.
En
menos de quince minutos llegó a Falcon Street. Una vez allí, tuvo que aminorar
la velocidad, pues debía pasar por algunos peajes para continuar su camino.
Tomó la salida de Grosvenor Street y a continuación giró a la izquierda por
George Street. A tan solo quinientos metros se encontraba el majestuoso Hotel
Hyatt Park.
Los
padres de Sam habían decidido celebrar el aniversario en aquel lugar por una
cuestión muy simple: el hotel se encontraba en Walsh Bay, la misma zona donde
se habían conocido veintiséis años antes. Además, aquel también fue el lugar
donde Peter le había pedido matrimonio a Sarah un año después de conocerse en
la fiesta. Fue solo cuestión de semanas hasta que sus sueños se hicieron
realidad.
Los
invitados habían comenzado a llegar. Muchos se agolpaban en la puerta para
recibir a los señores Lawson que salían
de su esplendoroso coche. Sam tuvo que esperar una cola de varios automóviles
hasta que el aparcacoches se encargara del suyo. De pronto, un golpe en la
parte trasera le hizo dar un respingo. Echó un vistazo por el retrovisor para
ver qué había sucedido, pero en ese momento Walter apareció como un fantasma
por la ventanilla del copiloto.
―¡Pedazo
de cabrón! ¡Qué calladito te lo tenías! ―Walter introdujo medio cuerpo en el
coche para soltar un puñetazo amistoso en el hombro de su camarada.
―¡No
seas gilipollas! Anda, ven, entra. No quiero que me estropees la carrocería con
ese disfraz de pacotilla― respondió.
―¿Pacotilla?
―repuso ajustándose la corbata―. Para tu información te diré que este traje
cuesta tres veces más que tu esmoquin de pingüino.
―No
lo dudo ―dijo Sam estirándose el cuello de la camisa―. Odio estos eventos.
Daría lo que fuera por no tener que llevar la puñetera pajarita, la muy
condenada no me permite respirar. Ya podían haber celebrado las bodas de plata
en la mismísima playa y en bañador.
―No
me cambies de tema –le interrumpió su amigo mientras tomaba asiento a su lado y
observaba boquiabierto el panel de control―. A ver ¿caballos?
―Cuatrocientos
sesenta.
―¿Velocidad
máxima?
―Trescientos
kilómetros por hora.
―¿Consumo
medio?
―Entre
quince y dieciséis litros.
―¿Aceleración
de cero a cien?
―Cuatro
coma siete segundos.
―¿Lo
has probado ya?
―Aún
no. –Sam le guiñó un ojo a su amigo―. Te estaba esperando.
―Así
me gusta –dijo dándole otra palmada en la espalda.
Walter
podía resultar irritante en algunas ocasiones, pero siempre había sido su mejor
amigo. Se conocían desde el colegio. Walter había sido siempre un chaval
energético y lleno de vida, sin embargo, algunos de sus compañeros lo tomaban
por un tipo exasperante e insoportable. Hablaba demasiado, incluso los
profesores tenían que llamarle la atención constantemente porque era incapaz de
guardar silencio más de diez minutos seguidos. Su temperamento nervioso hacía
de su complexión un tipo delgado, más bien menudito. Por supuesto aquella
debilidad física no le beneficiaba a la hora de meterse en alguna pelea aunque,
por suerte, Sam siempre estaba a su lado para echarle una mano.
Al
contrario que Walter, Sam era un chico más tranquilo, lo que no significaba que
no fuera capaz de tumbar a cualquiera de un solo golpe de derecha. Él era un
tipo alto y corpulento. Practicaba kick
boxing cada vez que podía y las técnicas aprendidas le habían ido de perlas
para no dejarse achantar por nadie.
―¿Has
quedado con Ashley en el hotel? –preguntó Walter.
―Sí.
Vendrá con sus padres –dijo soltando un suspiro.
―Por
favor, no seas tan efusivo –replicó Walter en un tono irónico―. Cualquiera
diría que no te hace ilusión que vuestros padres se conozcan formalmente.
―La
verdad es que no –confesó―. A veces tengo la sensación de que esto va demasiado
deprisa.
―¿Te
refieres a tu relación con Ashley?
Sam
asintió con la cabeza.
―Solo
llevamos juntos seis meses y parece que me hubiera comprometido con ella por el
resto de mi vida.
―¿Acaso
no la quieres?
―Sí,
claro que la quiero. Es una buena chica… y muy inteligente.
―Por
no mencionar que está como un tren –interrumpió Walter.
―Está
bien… además está buenísima. –Sam sacudió la cabeza―. Pero eso no tiene nada
que ver con esto. Pienso que Ashley va muy rápido, no sé, tal vez deberíamos
tomárnoslo con más calma… salir más… conocer más gente…
―¿No
estarás pensando en engañarla?
―¡Oh,
Walter! Eres imposible –soltó el joven exasperado―. No estoy hablando de eso.
Solo digo que es demasiado pronto para compromisos. Somos muy jóvenes para
atarnos de ese modo.
―¿Se
lo has dicho a ella?
―¡Qué
va! Está demasiado ilusionada con este encuentro. Cualquiera se atreve a
defraudarla…
―Bueno,
si lo piensas bien, no es tan grave. –Walter se encogió de hombros―. Piensa que
sencillamente vuestros padres van a conocerse, nada más. Eso no quiere decir
que vayáis a casaros mañana mismo.
Sam
enarcó las cejas y dirigió una mirada escéptica a su amigo.
―Tú
no conoces a Ashley.
El
botones del hotel se aproximó al Maserati.
―¿Desea
que le aparque el coche, señor?
Los
dos amigos salieron del vehículo y Sam le hizo entrega de las llaves al
muchacho.
―¡Cuídalo
bien! Es el coche nuevo de mi amigo –le advirtió Walter por encima del capó.
―Descuide,
señor –respondió el aparcacoches de forma cortés.
Los
dos jóvenes se dirigieron a la entrada del hotel. Los padres de Sam ya habían
accedido al interior y esperaban en la sala de celebraciones rodeados por un
grupo de invitados que los felicitaban por su aniversario.
El
magnífico Guest House del hotel estaba situado en el mismísimo puerto de
Sydney, desde donde se accedía a una terraza exterior privada con increíbles
vistas a la colosal Opera House. La decoración del salón de celebraciones era
de un gusto exquisito, minuciosamente diseñado con la iluminación perfecta para
la visualización de sus mesas y el brillo de la elegante vajilla que las
componían. El restaurante del hotel Hyatt Park se caracterizaba por una cocina
creativa con toques de autor donde se aplicaban fuertes dosis de imaginación.
El matrimonio Lawson era amante de este tipo de cocina, adoraban explorar
nuevos sabores y deleitarse con las sorprendentes elaboraciones de sus
cocineros.
Sam
echó un vistazo al Guest House en busca de su chica, suponía que habría llegado
antes que él, ya que solía ser muy puntual en los eventos importantes. Y aquella
era una de esas ocasiones.
―Mira,
allí está Ashley –informó Walter señalando hacia el balcón.
La
joven se encontraba con sus padres en el exterior, contemplando las
maravillosas vistas de la bahía mientras sujetaba una copa de champán. Sam se
aproximó para saludar a los señores Cooley.
―Buenas
noches, señores. –Sam hizo una leve inclinación de cabeza―. Ashley.
―¡Oh,
mi querido Sam! –La señora Cooley fue la primera en saludar―. Estás realmente
encantador.
―Gracias,
señora.
―Por
favor Sam, llámame Elaine. Creo que ya es hora de apartar los formalismos, ¿no
te parece, George? –se dirigió a su marido.
―Claro,
muchacho –afirmó el señor Cooley dando un manotazo amistoso al joven en el
hombro.
―Estás
realmente preciosa esta noche, Ashley –dijo Sam dirigiéndose a su novia.
―Gracias,
cariño –respondió sin poder evitar sonrojarse delante de sus padres.
Los
señores Cooley se percataron de las ganas locas de Ashley por quedarse a solas
con su chico unos instantes, por ello no dudaron en buscar una ágil excusa para
alejarse de los dos tortolitos.
―Tomaremos
algo de beber, en breve estaremos de vuelta –señaló el señor Cooley.
Cuando
ambos se alejaron, Ashley se abalanzó sobre los brazos de su amado con gran
entusiasmo.
―¡Oh,
Sam, estoy tan nerviosa! ¿Crees que tus padres y los míos se llevarán bien?
―No
me cabe duda. Aunque solo sea por guardar los formalismos, te aseguro que la
cordialidad será más que palpable.
―Eso
espero.
―Intenta
no pensar en ello –dijo Sam para tranquilizarla―. A ver, ¿qué le apetece hacer
esta noche, señorita?
―Mmmm,
creo que me está entrando hambre de algo delicioso –respondió Ashley terminando
de beber su copa de un trago y llevándose el índice a los labios de manera
insinuante.
―Será
mejor que tomemos algo fresco –repuso Sam divertido―. Además, no me gustaría
estropearte ese vestido tan elegante.
―¿Te
gusta? –Preguntó Ashley dando una vuelta a fin de que Sam pudiera apreciar la
bella figura de su chica―. Es de Valentino, adoro sus diseños.
―Bien…
estupendo –farfulló Sam―. Realmente te sienta genial.
Sam
no era ningún entendido en prendas, aunque eso no quitaba para que no supiera
reconocer un vestido bonito sobre una chica bonita. Todo lo contrario que
Ashley, que estaba en su último curso de la escuela de alta costura y a la
vista de grandes proyectos. La joven era una obsesa de la moda. Siempre vestía
a la última y su fascinación por las telas sobrepasaba los límites del
entusiasmo. Sus padres lo vieron claro desde el principio; Ashley tenía una
gran virtud, y aquella pasión por la alta costura llevaría a su hija a estar
entre las grandes diseñadoras tarde o temprano. Por ello no dudaron en enviar a
su hija a una de las escuelas más prestigiosas del país, además de hacer
prácticas durante un año en la cuna de la moda, París.
―¿Por
qué no hacemos lo que hemos venido a hacer y acabamos con este martirio cuanto
antes? –repuso Sam refiriéndose a la presentación formal de sus padres.
―Estoy
tan nerviosa como tú, cariño. Anoche no pude ni pegar ojo –susurró la joven.
En
ese momento un camarero pasó a su lado portando algunas bebidas y Ashley
aprovechó para agarrar otra copa de champán.
―De
acuerdo, entonces vamos allá –añadió Sam cogiendo otra copa para él.

Mi paso por #FICOD14
Todo comenzó hace unos meses cuando, sin esperarlo, recibí
un mail por parte de la organización de FICOD (Foro Internacional de Contenidos
Digitales) donde me invitaban a participar como ponente en una de las mesas. Al
principio no supe qué contestar, puesto que no conocía nada de FICOD y tampoco
creí que fuera en serio. Pero después de investigar, me di cuenta de que
hablaban muy en serio y de que efectivamente estaban interesados en mi
presencia como autora autopublicada.
Tras varios mails para concretar y organizar el viaje, me
encuentro con que el día 2 de diciembre debo viajar a Madrid. La primera
sorpresa con la que me cruzo en el camino es la espectacular organización por
parte de la empresa: viaje en primera, un espectacular coche esperando a la puerta
de la estación con su respectivo guardaespaldas (para trasladarme al
restaurante donde cenaría la primera noche, una cena y espectáculo de ensueño
compartido con los organizadores y directivos de FICOD y RED.ES…
Y aquí debo hacer un paréntesis para contar que me
trasladaron en el mismo coche en el que habían viajado diversos políticos y
actores famosos como Pierce Brosnan, Brat Pitt o Matt Demon… Sí, lo sé, yo
tampoco daba crédito a lo que el joven de dos metros de alto que conducía el
coche me estaba contando, pero tratándose de un Mercedes S Class 500, podía
esperar cualquier cosa. Además me contó una anécdota curiosa sobre Pierce
Brosnan, y es que el actor, en un arrebato de estupidez, decidió escapar de un
restaurante por la salida de los camareros sin que el guardaespaldas se diera
cuenta. El muchacho me dijo que casi le cuesta el despido. En fin… pequeñas
anécdotas curiosas que para una persona común como yo, nos resultan graciosas
de escuchar.

Volvemos al restaurante. La Capilla de la Bolsa. Un lugar
espectacular, no solo por la remodelación de la capilla y el exquisito
servicio, sino que, además, entre plato y plato, dos tenores nos amenizaron la
cena con diversas piezas a cada cual más espectacular.

A eso de las 12 llegué al hotel. De nuevo me trasladaron
hasta allí en coche privado y de nuevo me vi envuelta en un ambiente de lo más
exclusivo. Por desgracia, estaba tan cansada que apenas pude disfrutar de la
estancia allí, y es que Morfeo me llamó a un sueño profundo antes de mi
ponencia para el día siguiente.
Por la mañana, y tras una estupenda ducha y un revigorizador
desayuno en el buffet, me dirigí al Palacio de Congresos que estaba justo en
frente del hotel.

Nada más llegar, recogí mi pase al foro y desde allí una
azafata me acompañó a la sala VIP donde nos reuniríamos todos los ponentes que
participábamos en el foro. Allí conocí a mis compañeros: Bruno Nievas
(autor de Realidad Aumentada), David Fernandez (Director de Nubico) y Justo Hidalgo (Socio fundador de 24symbols). Todos expertos excelentes y con muchos avances
tecnológicos interesantes que contar.
A las 11:45 bajamos a la sala donde participaríamos y allí
nos colocaron los micrófonos, luces y demás parafernalias para una perfecta actuación.
La sala se llenó, se trataron diversos temas sobre la autopublicación, tales
como experiencias personales, lo que está por venir, la demanda de los
lectores, los géneros que más venden en la actualidad, nuevos proyectos…


Una vez acabado el tiempo, algunos espectadores se
aproximaron a nosotros para hacernos algunas preguntas y, una vez resueltas
todas ellas, nos llevaron de regreso a la sala VIP donde poco después
ofrecerían una suculenta comida.
En seguida tuve que ausentarme puesto que mi tren de vuelta partía a las
16:30 de la tarde. Camino de vuelta, tuve tiempo suficiente para recordar y
analizar todos los momentos vividos en, para mí, una nueva experiencia.
Espero volver el próximo #FICOD15
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